La cultura del “aprieta más”: cuando esforzarse se convierte en agotamiento
- Alexander García Hernández
- 12 nov
- 3 Min. de lectura

Durante años hemos escuchado frases como “si te esfuerzas lo suficiente, lo conseguirás”, “no te rindas nunca” o “el que quiere, puede”. Son mensajes que, en apariencia, motivan. Sin embargo, detrás de ellos se esconde una trampa: la idea de que el esfuerzo lo justifica todo, incluso a costa del bienestar.
Así hemos aprendido a vivir dentro de una cultura que podríamos llamar la del “aprieta más”: una forma de entender la vida en la que parar es sospechoso, descansar se asocia con flojera y la autoexigencia se convierte en una forma de identidad.
Nos medimos por lo que hacemos, no por lo que somos. Y cuando no llegamos, la culpa sustituye al descanso.
El mito del esfuerzo ilimitado
Desde la psicología sabemos que el esfuerzo sostenido es necesario para crecer y adaptarse, pero el mito del esfuerzo ilimitado —ese que nos empuja a rendir sin descanso— acaba teniendo un efecto contrario al deseado.
Cuando la persona vive instalada en el “tengo que poder”, el cuerpo y la mente se tensan. El estrés se normaliza, el descanso se percibe como pérdida de tiempo y la mente entra en un modo de vigilancia constante. Con el tiempo aparecen la fatiga, la irritabilidad, la desconexión emocional y la sensación de vacío.
El “aprieta más” no siempre nace de ambición, sino de miedo: miedo a quedarse atrás, a no ser suficiente, a decepcionar a los demás. Y ese miedo se disfraza de productividad.
Raíces psicológicas del “aprieta más”
Detrás de esta cultura hay mecanismos bien conocidos por la psicología:
Autoexigencia y perfeccionismo: la creencia de que solo merecemos reconocimiento si alcanzamos un nivel alto de rendimiento.
Comparación social constante: alimentada por las redes, donde todos parecen avanzar más rápido.
Condicionalidad del valor personal: “valgo si logro”, “importo si destaco”.
Aprendizaje emocional distorsionado: hemos asociado el esfuerzo al afecto (“te querrán si te esfuerzas”), por lo que aflojar se siente como perder el amor o la aprobación.
Desde la terapia cognitivo-conductual, podemos entenderlo como un conjunto de creencias disfuncionales que generan emociones de culpa, ansiedad o frustración. Desde un enfoque centrado en la emoción, observamos cómo estas dinámicas esconden vergüenza, miedo al fracaso y necesidad de aprobación.
El impacto emocional
Vivir bajo la cultura del “aprieta más” provoca consecuencias que no siempre se reconocen a tiempo.
Desgaste emocional: la sensación de estar siempre en deuda con uno mismo.
Procrastinación paradójica: cuanto más te presionas, menos capacidad real tienes para concentrarte.
Somatización: el cuerpo expresa lo que la mente no se permite sentir: tensión, insomnio, dolores musculares o digestivos.
Desconexión interna: el individuo deja de preguntarse qué quiere, centrado solo en lo que “debería” hacer.
Y lo más irónico es que, en ese intento de rendir más, muchas personas acaban rindiendo menos. Porque no hay crecimiento posible sin recuperación.
Redefinir el esfuerzo
No se trata de eliminar el esfuerzo de nuestra vida, sino de redefinirlo. El esfuerzo saludable está vinculado con el compromiso, la disciplina y el sentido; el esfuerzo destructivo, con la exigencia, el miedo y la culpa.
La diferencia no está en la cantidad de energía que ponemos, sino en desde dónde lo hacemos.
Esforzarse desde el miedo genera tensión.
Esforzarse desde el propósito genera crecimiento.
Estrategias para romper con el “aprieta más”
Cuestiona la voz interna que exige sin descanso. Pregúntate: “¿A quién intento demostrar algo?”, “¿Qué pasaría si hiciera menos?”.
Normaliza el descanso. El descanso no es el premio tras el esfuerzo, sino la condición que lo hace posible.
Cambia el “debería” por el “necesito”. Este simple cambio de lenguaje ayuda a reconectar con el autocuidado y las prioridades reales.
Practica la autocompasión. No como indulgencia, sino como una forma madura de reconocer los límites humanos sin perder la motivación.
Da espacio al disfrute. El placer y el descanso no son distracciones del camino, sino partes esenciales del equilibrio psicológico.
Aflojar también es avanzar
Romper con la cultura del “aprieta más” no significa rendirse. Significa entender que sostenerse también es una forma de éxito. A veces la valentía no está en hacer más, sino en detenerse a mirar hacia dónde vamos.
Porque no todo cansancio es señal de esfuerzo; a veces es señal de desconexión. Y quizás el verdadero logro no sea llegar antes, sino llegar entero.





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