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Después de la infidelidad: ¿es posible reconstruir la relación?

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Pocas experiencias generan una sacudida tan intensa en una relación como descubrir una infidelidad. No solo se rompe la confianza, sino también la sensación de seguridad psicológica sobre la que se construye el vínculo.


La persona traicionada suele pasar por una reacción traumática aguda: pensamientos intrusivos, necesidad de saber cada detalle, alteraciones del sueño, irritabilidad o una mezcla de rabia y tristeza que oscila constantemente.


El miembro que ha sido infiel, por su parte, puede vivir sentimientos de culpa, vergüenza o miedo a perder el vínculo, pero también confusión respecto a por qué ocurrió. La pareja, en conjunto, entra en un estado de crisis: nada parece estable, las reglas han cambiado y el futuro queda suspendido.


En esta fase, lo más importante no es decidir si se perdona o no, sino contener el caos emocional y crear espacios seguros para poder pensar y comunicar sin destruir aún más el vínculo.


Qué significa realmente “perdonar” una infidelidad


En el lenguaje cotidiano, “perdonar” se asocia con pasar página o dejar de sentir rencor. En terapia de pareja, sin embargo, el perdón tiene un significado mucho más profundo: implica aceptar lo ocurrido, comprender su impacto y decidir, desde la conciencia, si se quiere seguir construyendo juntos o no.


Perdonar no significa olvidar, ni justificar, ni negar el daño. Supone entender que lo ocurrido ha cambiado la relación para siempre y que si ambos deciden continuar, ya no se trata de recuperar lo anterior, sino de construir algo nuevo sobre bases más conscientes.


El perdón auténtico libera; el superficial solo posterga el conflicto. Cuando el perdón nace del miedo a estar solo o de la culpa, se transforma en una forma de sometimiento emocional. Pero cuando surge de la comprensión y la voluntad mutua de crecer, puede convertirse en una oportunidad de transformación.


Por qué algunas parejas deciden perdonar


Las motivaciones para seguir adelante después de una infidelidad son muy variadas. Algunas parejas lo hacen desde el amor, la historia compartida o el deseo de reparar. Otras, desde el miedo, la dependencia o la costumbre. Entre los motivos más comunes están:


  • El vínculo afectivo aún fuerte, que impulsa a intentar la reparación.

  • La existencia de hijos o proyectos compartidos, que dificultan una ruptura inmediata.

  • La creencia en la capacidad de cambio del otro y el reconocimiento de un error puntual.

  • La dependencia emocional o económica, que puede distorsionar la decisión de seguir.

  • El miedo a la soledad o al juicio social, especialmente en entornos donde separarse sigue estigmatizado.


Comprender desde qué lugar se decide perdonar es fundamental. No es lo mismo elegir seguir por amor que por necesidad. En terapia, trabajar esta diferencia ayuda a clarificar si la reconciliación tiene una base sana o está sostenida por dinámicas disfuncionales.


Las raíces del engaño: más allá del acto


Superar una infidelidad exige entender qué función cumplió dentro de la historia de la pareja. A veces refleja una búsqueda de validación personal, una desconexión emocional prolongada, o una dificultad para afrontar el conflicto de forma madura.


No se trata de justificar, sino de comprender. En muchos casos, el engaño no nace del deseo sexual en sí, sino de una carencia emocional o una desconexión con uno mismo. Comprender esto permite desplazar la mirada del “culpable” al sistema de relación, que es donde realmente puede producirse el cambio.


En este punto, el objetivo terapéutico es explorar los patrones de comunicación, deseo y afecto que se habían deteriorado antes de la infidelidad. Solo así puede la pareja entender que la traición no es el inicio del problema, sino la consecuencia visible de una fractura previa.


El proceso de reparación: del caos a la reconstrucción


Las parejas que deciden continuar suelen pasar por un recorrido emocional complejo. En terapia, este proceso se puede dividir en tres grandes etapas:


1. Fase de crisis: predominan la rabia, la culpa y el shock. Es el momento de ventilar emociones, responder preguntas y comenzar a restablecer la comunicación sin violencia emocional.

2. Fase de reconstrucción: aquí se establecen nuevas reglas, se acuerdan límites y se trabajan temas como la transparencia, la intimidad y la confianza.

3. Fase de consolidación: la pareja redefine su identidad, revaloriza sus prioridades y decide si el vínculo actual es sostenible.


Durante este proceso, no hay una línea temporal fija. Algunas parejas logran avanzar en meses; otras tardan años. El éxito depende menos del tiempo y más del compromiso real de ambos en asumir su parte y trabajar activamente en la reparación.


Las trampas del perdón


Hay formas de perdón que en realidad perpetúan el daño:


  • El perdón condicionado, que se otorga con la intención de manipular o exigir control.

  • El perdón silencioso, en el que se decide seguir, pero el resentimiento permanece latente.

  • El perdón impuesto, cuando uno de los miembros cede por presión externa o miedo.


Estos modelos generan relaciones frágiles, marcadas por la desconfianza, la hipervigilancia y la pérdida progresiva del deseo. El perdón terapéutico, en cambio, se caracteriza por la voluntad de entender, de sanar y de reconstruir sin negar el dolor. Solo este tipo de perdón abre la puerta a un vínculo más honesto.


La reconstrucción de la confianza


Recuperar la confianza no significa volver a la ingenuidad previa, sino aprender a confiar de una forma más consciente. Esto requiere:


  • Transparencia real, sin necesidad de vigilancia constante.

  • Coherencia entre palabras y acciones.

  • Validación del dolor del otro, sin defensividad.

  • Espacios de comunicación emocional sin juicio.


El miembro que ha sido infiel debe comprender que la confianza no se exige, se gana. Y quien fue traicionado necesita aprender a dejar de controlar para volver a sentirse libre dentro del vínculo.


El papel de la terapia de pareja


En la terapia de pareja, trabajamos para que ambos entiendan el significado de lo ocurrido y puedan reconstruir la comunicación desde la vulnerabilidad. Se abordan temas como:


  • El sentido que tuvo la infidelidad en la historia del vínculo.

  • Las heridas emocionales previas que pudieron facilitar el distanciamiento.

  • La gestión del deseo y la intimidad tras el engaño.

  • Las nuevas reglas de seguridad emocional que ambos necesitan para sentirse tranquilos.


A veces, el resultado es una reconciliación sólida; otras, una separación saludable. Lo importante no es mantener la relación a toda costa, sino que la decisión de seguir o no surja del crecimiento y no del miedo.


Cuando el perdón libera (y cuando encadena)


El perdón se vuelve sanador cuando permite cerrar la herida sin negar lo ocurrido. Cuando deja de doler recordar y se puede hablar del pasado sin rabia. Pero también puede convertirse en una forma de autoengaño si se utiliza para evitar el conflicto o tapar una dependencia.


El verdadero perdón no borra la historia, la integra. Permite mirar al otro con una conciencia más clara y una elección más libre.


Reflexión final


Perdonar una infidelidad no es una muestra de debilidad, sino un proceso de profunda fortaleza emocional. Pero esa fortaleza no consiste en aguantar, sino en mirar de frente lo ocurrido, comprenderlo y decidir con conciencia.


A veces el perdón abre la puerta a una nueva etapa de amor más realista, y otras veces, al fin de una historia que ya no puede sostenerse. En cualquier caso, el aprendizaje siempre está en el mismo lugar: en descubrir qué tipo de relación queremos tener con nosotros mismos y con el otro después del dolor.





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  • Psicologo Alexander
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