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Cuando el amor y el prejuicio conviven: la homofobia interiorizada en padres con hijos LGBT+

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El amor que se ve puesto a prueba


Muchos padres y madres que aman sinceramente a sus hijos se encuentran ante una encrucijada emocional cuando estos expresan su orientación o identidad sexual. No se trata de falta de cariño, sino de un conflicto más sutil: el choque entre el amor que sienten y las creencias o prejuicios que, sin ser conscientes, han interiorizado a lo largo de su vida.


Durante años, la sociedad ha transmitido mensajes que asocian lo heterosexual con lo “normal” y lo demás con lo “desviado”, lo “raro” o lo “difícil”. Incluso personas abiertas y tolerantes pueden descubrir que, al enfrentarse a la realidad de tener un hijo gay, lesbiana, bisexual o trans, emergen en ellas emociones contradictorias: miedo, culpa o confusión.


Aceptar a un hijo no siempre es tan inmediato como se desea. A veces implica revisar ideas muy arraigadas, desaprender y aprender de nuevo cómo amar sin condiciones.


Qué es la homofobia interiorizada (y por qué puede afectar también a los padres)


La homofobia interiorizada es la internalización de prejuicios sociales sobre la diversidad sexual y de género. No solo afecta a las personas LGBT+, sino también a quienes han crecido en una cultura donde la heterosexualidad era presentada como el único camino válido.


En el caso de los padres, puede manifestarse como una resistencia sutil a aceptar la identidad de su hijo o hija. No porque no le quieran, sino porque esa realidad despierta en ellos creencias aprendidas: “esto será más difícil para ti”, “no quiero que sufras”, “me cuesta entenderlo”.


Cuando un padre se sorprende pensando “no quería esto para mi hijo”, no necesariamente está rechazando a su hijo. A menudo está luchando con su propio sistema de creencias, con lo que aprendió a temer o rechazar. Comprender esto es esencial para transformar la culpa en conciencia y el miedo en acompañamiento.


La experiencia emocional de los padres: culpa, miedo y desconcierto


Aceptar que un hijo o hija pertenece al colectivo LGBT+ puede remover emociones intensas. La culpa aparece cuando los padres se preguntan si hicieron algo “mal” o si son responsables de esa orientación. Es un pensamiento infundado, pero muy común.


También surge el miedo, no tanto por la identidad del hijo, sino por las posibles consecuencias: el rechazo social, la discriminación o la soledad. Muchos padres temen que su hijo sufra, que no sea comprendido o que encuentre obstáculos para formar una vida plena.


Y junto a la culpa y el miedo, emerge el desconcierto: no saber cómo actuar, qué decir o cómo acompañar. En ocasiones, ese desconcierto lleva al silencio o a evitar el tema, creyendo que así se “normaliza” la situación. Pero ese silencio puede vivirse, desde el otro lado, como distancia o desaprobación.


Reconocer estas emociones sin juzgarse es el primer paso para superarlas. No indican rechazo, sino el inicio de un proceso de adaptación emocional y cognitiva.


Mecanismos de defensa y microformas de homofobia


La homofobia interiorizada rara vez se expresa de forma abierta. Suele aparecer en frases o actitudes que pretenden ser protectoras, pero que terminan invalidando la identidad del hijo.


Algunos ejemplos:

  • “Esto se te pasará con el tiempo.”

  • “Yo te quiero igual.” (como si hubiera algo que perdonar).

  • “No lo digas todavía a los abuelos, que no lo entenderán.”

  • “Mientras seas feliz, a mí me da igual, pero no lo publiques.”


Detrás de estas expresiones hay una mezcla de amor y miedo, pero también un mensaje implícito: hay algo en ti que no encaja del todo. Es importante entender que el afecto no puede ir acompañado de condiciones. La aceptación plena no significa “te quiero a pesar de”, sino “te quiero porque eres tú”.


Cuando los padres revisan estas pequeñas formas de negación o evitación, abren la puerta a un vínculo más sincero y libre.


Del conflicto a la oportunidad de crecimiento personal


Aunque al principio la noticia puede generar confusión, muchas familias descubren que este proceso se convierte en una oportunidad de crecimiento. Aceptar la identidad del hijo o hija implica revisar valores, abrir la mente y cultivar la empatía.


Para algunos padres, supone romper con generaciones de prejuicios y aprender a mirar el mundo con nuevos ojos. La aceptación no se construye de un día para otro, sino paso a paso: escuchando, informándose, hablando con otras familias o buscando apoyo profesional.


En la consulta psicológica, este proceso se vive con frecuencia como una reconciliación interna: dejar de luchar entre el amor y la culpa para poder ofrecer una aceptación consciente, basada en la comprensión, no en la obligación.


Aceptar a un hijo LGBT+ es también una forma de crecimiento personal: una oportunidad para liberar a la familia de la rigidez de los roles y abrir espacio al respeto y la autenticidad.


Recomendaciones prácticas para padres en este proceso


  • Darse tiempo. La aceptación no es instantánea. Requiere procesar emociones y desmontar creencias.

  • Buscar información. Aprender sobre diversidad sexual y de género ayuda a reducir miedos y prejuicios.

  • Cuidar el lenguaje. Evita expresiones que puedan sonar condescendientes o invalidantes.

  • Hablar abiertamente. No evites el tema por incomodidad; el silencio también comunica.

  • Expresar amor explícitamente. No des por hecho que tu hijo “ya sabe que le quieres”. Díselo, y díselo muchas veces.

  • Explorar el propio malestar. Si sientes confusión, vergüenza o miedo, pedir ayuda psicológica puede ser un acto de responsabilidad emocional, no de debilidad.

  • Involucrarse. Participar en charlas, leer testimonios o contactar con asociaciones familiares puede ser muy reparador.


Del amor condicionado al amor consciente


Aceptar la orientación o identidad sexual de un hijo no significa renunciar a valores, sino comprender que el amor auténtico no necesita condiciones. Supone mirar a la persona sin filtros, reconociendo que su forma de amar o de sentirse no es una desviación, sino una expresión legítima de su humanidad.


La homofobia interiorizada no desaparece de un día para otro. Pero cuando se mira de frente, se convierte en una oportunidad para sanar heridas heredadas, reconciliarse con la propia historia y construir una relación familiar más libre y honesta.


Aceptar a un hijo no es “aceptar que sea así”, sino alegrarse de que pueda ser plenamente quien es. Y cuando el amor vence al miedo, la familia se convierte en el primer espacio de libertad.


Comentarios


  • Psicologo Alexander
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